Las bases militares estadounidenses en Oriente Medio vuelven a arder tras una nueva oleada de ataques con drones y aeronaves no tripuladas iraníes durante la noche del 20 al 21 de marzo.
Son ellas la base Victory, situada cerca del aeropuerto de Bagdad, Irak, y la de As-Salam, en Kuwait; mientras Irán advierte que «no habrá limitaciones» en su represalia y Donald Trump afirma que está «muy cerca» de alcanzar los objetivos de su operación contra Irán.
ATAQUES Y CONTRATAQUES EN ORIENTE MEDIO
La madrugada del sábado 28 de febrero, Israel y EE.UU. iniciaron una agresión conjunta contra Irán con el objetivo declarado de «eliminar las amenazas» de la República Islámica.
Los bombardeos causaron la muerte del ayatolá Alí Jameneí y de varios altos cargos militares, entre ellos el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, el comandante de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el ministro de Inteligencia iraní, Esmaeil Khatib. Por su parte, Mojtabá Jameneí, hijo del fallecido líder supremo iraní, fue elegido como su sucesor.
Desde el inicio de las hostilidades, más de 1.300 civiles han fallecido en Irán y más de 18.000 personas han resultado heridas, según las autoridades de la nación persa. Además, han sido destruidas o gravemente dañadas miles de infraestructuras civiles, viviendas, centros médicos y escuelas.
Como represalia a los ataques, Teherán ha lanzado numerosas oleadas de misiles balísticos y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en países de Oriente Medio. Además, en respuesta a los ataques contra su infraestructura energética, la República Islámica realizó una serie de ataques masivos, que alcanzaron «instalaciones petroleras vinculadas a Estados Unidos» en varios países de Oriente Medio.
Asimismo, Irán bloqueó casi por completo el estrecho de Ormuz, ruta marítima por donde circula alrededor del 20 % de todo el petróleo y gas que se comercia en el mundo, lo que ha disparado los precios de combustibles.
